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Soledad [Día 5] | Gaby Moreno
Publicado por: | 5 octubre, 2017 |

Nota del editor: La siguiente colaboración de Gaby Moreno es parte de una serie intitulada: “Voz desde el desierto”.

“Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; Porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.  Habla mentira cada uno con su prójimo; Hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón…  Tú, Jehová, los guardarás; De esta generación los preservarás para siempre” (Salmos 12:1-2, 7).

En medio de esta generación que vive lejos del temor al Señor, los hijos de Dios atraviesan por momentos en este desierto. Un sentido de soledad en el caminar entre esta perversa generación, lejos de los principios bíblicos y donde, incluso, dentro de las iglesias el cristianismo se parece mas al sistema de este mundo que a Cristo; donde el humanismo y el antropocentrismo (el hombre es el centro del universo, todo se hizo por él y para él, hasta Cristo existe solo para cumplir sus egocéntricos deseos fuera de la gloria de Dios) ha carcomido y dejado fuera a Dios y Su gloria.

Para quienes caminan en contra del sistema de este siglo presente, llegan temporadas oscuras donde sienten luchar contra corriente, donde su animo se ve menguado, donde se presenta la sensación de soledad, donde nadie mas acompaña el camino del temor al Señor, el amor a Su Palabra; el vivo celo por Él… pero…

“…Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.  A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron” (1 Reyes 19:11-14, 16, 18).

Elías expresa lo que pocos reconocen: Sentirse solo. No de esa soledad de compañia amorosa; sino de esa ausencia de lo que bellamente expresa el salmo 133: “Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos y en ARMONÍA”. De un mismo corazón hacia el Señor, un mismo pensamiento, un mismo sentir, un mismo anhelo por el Señor y su gloria.

Elías sentía luchar solo contra toda la idolatría del pueblo de Dios, aun contra sus reyes malvados ante el Señor, huye a Horeb. Después del despliegue de Su poder en el viento, desgajando montes y quebrando peñas, del terremoto, del fuego; Dios habla desde el silbo apacible. El Todopoderoso Señor, que quiebra montañas ¿No podrá quebrar corazones de piedra? ¿No podrá acaso hacer temblar la arrogancia del egocentrismo humano para rendirlo ante Su soberanía? ¿No podrá acaso hacer corazones ardientes de aquellas vidas ajenas a Dios por la depravación en ellos?

En medio del silbo apacible, le recuerda que Él es Dios, la obra no es de Elías, Él hará que queden 7000 rodillas que no se inclinen ante los ídolos sino cuyo corazón le pertenezca a Él .Pero no solo eso, le provee una grata compañía de un hombre conforme el mismo celo por Dios: Es enviado a Elíseo quien sin dudar deja todo por servir al Señor.

¿No es acaso del Señor la obra?

El Agua Viva, nuestros ojos puestos en Aquél de Quien es la obra y que se ha reservado un remanente por gracia. No estamos solos, un solo cuerpo repartido por todo el mundo en todas las edades, para que anunciemos las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

“Puestos los ojos en Jesús, el Autor y consumador de la fe,quien por el gozo puesto delante sufrió la cruz, menospreció el oprobio y se sentó a la diestra de Dios. Considerad al que sufrió tal contradicción de pecadores para que vuestro animo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:2-3).

¡Aun Hay Remanente!

La Obra Es Del Señor ¡Anunciad El Evangelio!

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