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Rindiendo cuentas: Un acto de salud espiritual | Ps. Andrés Valenzuela Jr.
Publicado por: | 16 abril, 2017 |

Siempre se ha dicho de que dos cabezas piensan mejor que una y, bueno, sin duda alguna creo que esto es totalmente correcto desde cualquier punto de vista. Ahora la pregunta es: ¿Aplica este pensamiento cuando nos abocamos al ámbito espiritual? ¿Cuándo lo que está en juego es nuestra salud espiritual y comunión con nuestro Dios?

A menudo como pastores debemos entrevistarnos con hermanos de nuestra congregación cuando éstos necesitan algún tipo de “consejo pastoral”, y son muchas las ocasiones en que el problema que les aqueja ha sido simplemente porque no acudieron por ayuda entre los hermanos; andan buscando un consejo espiritual que les ayudase a no caer o a no deslizarse por la vía pecaminosa que siempre traerá serias consecuencias para sus vidas y aquellos que les rodean.

Muchos son los que batallan con fuertes tentaciones al punto que sucumben ante ellos.

De ahí a la importancia de poder asociarnos con alguien que nos de un consejo firmemente arraigado en la infalible Palabra de nuestro Dios. De seguro oiremos a alguien decir con firmeza que “sólo a Dios debemos rendir cuentas”; pero tal pensamiento solo es señal de orgullo ya que debemos recordar que somos un “cuerpo” cuya cabeza es Jesucristo. Es más la Escritura dice:

“…para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (1 Cor. 12:25-27).

Por lo tanto debemos procurar ayudarnos los unos a los otros, unidos en amor fraternal y cuidado tanto físico como espiritualmente hablando. Es realmente una gran bendición tener a alguien a quien podamos rendir cuentas para beneficio personal y, por consecuencia, a nivel congregacional. Es una bendición tener a alguien en quien podamos confiar como hermano (a) en la fe, que nos ayude a orar, a instruirnos y no solo eso sino además que pueda exhortarnos y, si es necesario, reprendernos cuando estamos violentando la gloria de Dios con nuestros actos pecaminosos.

Eso sí: Es de suma importancia que a quién elijamos para rendir cuentas sea alguien “maduro, espiritual y con un buen testimonio” tanto dentro como fuera de la iglesia local, alguien que ame a Dios porque solo así se verá reflejado en nuestra comunión con Dios.

El apóstol Pablo cuando escribe a la iglesia en Galacia dice:

“…Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga…” (Gal 6:1-5).

En conclusión amados de Dios: Creo que es de vital y primera importancia poder estar a cuentas con Dios a diario, vigilantes ante las tentaciones que este mundo caído nos está tendiendo día a día; es mi oración que cada creyente sea lo bastante humilde y entienda que somos débiles en nuestras propias fuerzas y que lejos de la Gracia de Dios estamos absolutamente perdidos.

El rendir cuentas a Dios a través de alguien entre nuestros hermanos es una poderosa arma para no ser vencido por el pecado que nos asedia hasta el día de nuestra glorificación.

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