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La muerte del Rey Saúl: ¿Existen contradicciones?
Publicado por: | 19 octubre, 2015 |

Introducción

Hay asuntos y hechos en la Biblia que para algunos caen dentro de la categoría de pasajes aparentemente contradictorios; especialmente por aquellos que quieren señalar a las Escrituras como fuentes erróneas y sin autoridad divina.

Uno de tales pasajes es sobre el deceso del Rey Saúl. Hay tres textos bíblicos que parecen contradecirse entre ellos mismos sobre su muerte:

(1) Suicidio: 1 Samuel 31:4-6

(2) Muerte a manos de un Amalecita: 2 Samuel 1:1-16.

(3) Muerte a manos de los Filisteos: 1 Samuel 21:12.

¿Cómo resolver estas aparentes contradicciones?

Antes de analizar los tres textos, primero tenemos que tener en cuenta algo importante: Los libros de 1 Samuel y 2 Samuel son un mismo libro: “Originalmente los libros de 1 y 2 de Samuel eran un solo libro. Los traductores de la Septuaginta (LXX) los separaron, y nosotros hemos mantenido esa separación desde entonces” (*1). Incluso, Alice Luce, en su “Introducción Bíblica”, comenta que en el AT Hebreo, o “Tanaj”; estos dos libros son mencionados como uno solo entre la sección de los ocho libros de los “Profetas” (del hebreo, “Nebiim”) con el solo nombre de “Samuel”, específicamente en el grupo de los “Profetas Anteriores” (*2). Como último dato de confirmación, la RV95, Santa Biblia Edición de Estudio, también nos informa que en la Biblia hebrea 1 y 2 Samuel eran un solo libro entre los “Profetas Anteriores” (*3).

Por tanto, debemos tener en mente que los tres pasajes citados respecto a la muerte de Saúl tienen una misma ilación en los dos libros de Samuel. Habiendo dicho esto, estudiaremos los pasajes de la siguiente manera: El suicidio de Saúl, la mención de los filisteos y, por último, la participación del joven Amalecita.

La muerte de Saúl

1 Samuel 31:4-6 “Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella. Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones”.

Personalmente, mantengo la convicción de que el Rey Saúl cometió suicidio en 1 Samuel 31:4-6, porque: (1) debido a que la Escritura de Samuel nos describe de forma gráfica sobre cómo lo había efectuado; (2), porque es la primera versión de los hechos acaecidos sobre su muerte, por tanto, hemos de tomarlo de forma literal y podemos confiar que esta es la base sobre lo que ocurrió realmente en su deceso.

Los Filisteos

1 Samuel 21:12 “Entonces David fue y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, cuando los filisteos mataron a Saúl en Gilboa”.

El texto de 2 Samuel 21:12, que la RV60 cita que los filisteos mataron a Saúl, en realidad se trata de un detalle de traducción. Por ejemplo, comparemos las siguientes versiones y traducciones:

“Entonces David fue, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los varones de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, CUANDO DESHICIERON LOS FILISTEOS A SAÚL EN GILBOA” (OSO) (Mayúsculas añadidas).

“Y fue David a recoger los huesos de Saúl y los de Jonatán, su hijo, a la ciudad de Jabes, en Galaad, cuyos habitantes los habían tomado de los muros de Betsán, donde los habían colgado LOS FILISTEOS DESPUÉS DE DERROTAR A SAÚL EN GELBOÉ” (NC*) (Mayúsculas añadidas).

“Entonces David fué, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonathán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Beth-san, donde los habían colgado los Filisteos, CUANDO DESHICIERON LOS FILISTEOS Á SAÚL EN GILBOA” (RV1602) (Mayúsculas añadidas).

“Fue y recogió los restos de Saúl y de su hijo Jonatán, que estaban en posesión de los habitantes de Jabés de Galaad. Estos los habían robado de la plaza de Bet-sán, donde LOS FILISTEOS LOS COLGARON EL DÍA QUE DERROTARON A SAÚL EN GUILBOA” (DHH) (Mayúsculas añadidas).

“Fue a recoger los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán, que estaban en Jabés de Galaad. Los filisteos los habían colgado en la plaza de Betsán EL DÍA EN QUE DERROTARON A SAÚL EN GUILBOA, pero los habitantes de la ciudad se los habían robado de allí” (NVI) (Mayúsculas añadidas).

La palabra “Mataron”, en el hebreo de la Tanaj es “naká” (STRONG 5221), que significa: “Raíz primaria; golpear (ligeramente o severamente, lit. o figurativamente): abatir, afligir, asolar, atacar, azotar, azote, batir, castigar, causar, combatir, conquistar, cortar, dejar, derribar, derrota, derrotar, desbaratar, deshacer, destrozar, destruir, devastar, enclavar, extender, fatigar, golpe, golpear, heridor, herir, introducir, matanza, matar, hacer morir, muerte, muerto, sacar, sacudir, saquear, turbar, vencer”. En cambio, en el griego de la LXX (versión griega del AT) es “patásso” (STRONG 3960) y que significa “golpear (gentilmente o con arma o fatalmente): tocar, herir”.

Si nos basamos en la traducción de la LXX, siendo interpretado directamente de la versión hebrea del AT, nuestro texto de 2 Samuel 21:12 nos relata que Saúl, luego que se suicidó, su cuerpo fue mutilado y golpeado por los filisteos sin piedad alguna y después lo colgaron. Para ellos fue considerado una victoria sobre Saúl o declaración de su derrota. Coincide con el contexto del final de 1 Samuel 31:

1 Samuel 31:8-13 “Aconteció al siguiente día, que viniendo los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa. Y LE CORTARON LA CABEZA, Y LE DESPOJARON DE LAS ARMAS; y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que llevaran las buenas nuevas al templo de sus ídolos y al pueblo.  Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sán. Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl, todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí. Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días” (Mayúsculas añadidas).

Comprobamos, pues, que los filisteos no fueron quienes mataron al Rey Saúl; sencillamente hirieron su cadáver. Tal y como temía Saúl que harían con él de encontrarlo vivo (Léase nuevamente 1 Samuel 31:4-6).

El joven amalecita

2 Samuel 1:1-16 “Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag. Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia. Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del campamento de Israel. David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron. Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo? El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí. Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita. El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí. Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor. Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada. Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová”.

Habiendo analizado 1 Samuel 31:4-6 y 2 Samuel 21:12 que ambos textos sí coinciden en sus versiones originales; el “sospechoso” recae ahora en el joven Amalecita. En el entendimiento de quien esto escribe, ha podido concebir una posible hipótesis de lo ocurrido:

Recordemos que los sucesos que acaecieron en el suicidio de Saúl, sobrevinieron dentro de un conflicto bélico. En la guerra, filas enemigas estaban dispersas en el campo de batalla, algunos escondidos y otros al acecho de cualquier adversario que se les enfrentase. Muchos de estos combatientes bien pudieron ser testigos de tragedias terribles y atroces (No vayamos tan lejos: Tan solo como referencia a los miles de testimonios de los sobrevivientes y ex soldados que participaron en la Segunda Guerra Mundial, es suficiente como para darnos una idea de lo atroz que puede ser la guerra y de cuantas experiencias terribles pudieron haber sucedido). Aplicado a este contexto, no es difícil imaginar que un joven Amalecita, en medio de una guerra en vivo y en directo, y afiliado en el bando del Rey Saúl, pudiera haber sido el primer testigo de su suicidio, pues él cita casi de forma semejante la petición del rey herido a su escudero de ser traspasado a espada.

Él posiblemente tramó lo siguiente: Si se hace responsable de la muerte de Saúl, llevando como prueba su corona y su argolla, posiblemente el Rey David le recompensaría con grandes honores y gloria por haber asesinado a su peor enemigo y perseguidor; y le perdone la vida porque era recluta del bando contrario que lo acechaba. Por lo tanto, buscó al Rey David en su campamento, su travesía le llevó 3 días, dio las nuevas sobre las bajas de la guerra y se adjudicó el homicidio del Rey Saúl. Lo que no contaba este joven era el temor de Dios que tenía el Rey David. El apropiarse de una gloria imaginaria y la supuesta autoría de un homicidio le costó su vida. Al menos, en mi opinión, esta versión de los hechos me parece más coherente.

Como una observación interesante: Qué curioso que el escudero de Saúl no quiso matarlo porque tuvo temor de hacerlo, probablemente porque sabía que su rey era el “Ungido de Jehová” (aunque al final él también se suicidó), en cambio; el joven Amalecita se atribuyó de ser el “autor de su homicidio”. Rarezas que suceden en los ambientes bélicos.

En conclusión…

Quien esto escribe no trata de ser dogmático ni categórico respecto a este tema. Este fue, POSIBLEMENTE, el orden de los sucesos:

(1) El Rey Saúl se suicidó para no ser asesinado en manos de los filisteos.

(2) Un joven Amalecita fue testigo de ello y se llevó su corona y argolla al campamento del Rey David.

(3) Al día siguiente un grupo de filisteos mutilaron su cadáver para reconfirmar su victoria sobre él.

(4) Solo hasta el tercer día, el Rey David se entera del deceso de Saúl por boca del mismo joven Amalecita que lo vio morir y quien se proclama autor de su “homicidio” presentando la corona y la argolla, creyendo que recibiría honores y gloria; cuando solo tuvo su propia ejecución.

Siguiendo esta coherencia de los hechos, comprobamos que no existe contradicción alguna en estos textos bíblicos.

¡Sólo a Dios la Gloria!


Fuente Bibliográfica:

(*1): Fuente electrónica: http://www.gotquestions.org/Espanol/Libro-2-Samuel.html

(*2): “HERMENÉUTICA / INTRODUCCIÓN BÍBLICA”, “Capítulo 1: Una mirada al campo”; por E. Lund y Alice Luce. Editorial VIDA. Pág. 125; edición 2001.

(*3): RV95, Santa Biblia Edición de Estudio, “LA BIBLIA (Introducción)”; Pág. xiii-xiv.

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