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¿Ha cesado el don de profecía o del profeta?
Publicado por: | 7 noviembre, 2015 |

Los profetas son don de Dios (Léase Efesios 4:11). La doctrina puede surgir de la profecía, pues toda la Escritura es considerada la Palabra de Dios (Léase Hebreos 4:12), la Palabra profética más segura (Léase 2 Pedro 1:19) o las Palabras de la Profecía (Léase Apocalipsis 22:7). Además, es inspirada por Dios e inspiró a los santos hombres que escribieron Sus Palabras (Léase 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:21), ya que por medio del Espíritu Santo habla misterios relacionados con Cristo y con la Iglesia (Misterios, no en su sentido esotérico, sino en el de la revelación divina. Léase Lucas 8:10-15; Romanos 11:25-26; 1 Corintios 14:2, 15:51-52; Efesios 3:6, 5:29-32; Colosenses 1:26, 2:2-3, 4:3; 1 Timoteo 3:16; Apocalipsis 1:19-20).

Sin embargo, hemos de notar lo siguiente:

El ministerio de los profetas, junto con el de los apóstoles, son dones especiales y limitados. Efesios 2:20 nos dice que la principal función del profeta es la de colocar el fundamento que es Cristo:

Efesios 2:20 “edificados sobre EL FUNDAMENTO DE LOS APÓSTOLES Y PROFETAS, siendo la principal piedra del ángulo JESUCRISTO MISMO” (Mayúscula añadida).

Los profetas revelaban, llenos del Espíritu Santo, misterios o doctrinas relacionadas con Jesucristo y la iglesia y asuntos relacionados con ella. Ellos, con los apóstoles, lo hemos dicho, ponían dicho fundamento. El fundamento de un edificio solo se echa una sola vez; no más. Por ejemplo:

Efesios 3:5 “Leyendo lo cual podéis entender CUÁL SEA MI CONOCIMIENTO EN EL MISTERIO DE CRISTO, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, COMO AHORA ES REVELADO A SUS SANTOS APÓSTOLES Y PROFETAS POR EL ESPÍRITU” (Mayúscula añadida).

A lo largo del Siglo I la revelación ha sido progresiva y confirmada tanto por los únicos apóstoles (los doce y Pablo), como los profetas que han sido instalados en las iglesias (Léase Hechos 11:28, 15:32; 19:6; 21:9-10; 1 Corintios 13:2, 1 Tesalonicenses 4:13-17; 2 Pedro 3:10-13, Apocalipsis 1:1). Estas profecías son los mensajes dados por Dios a sus profetas para edificar a la iglesia, de ahí que el apóstol Pablo insistiera mucho en que la profecía para edificación de los creyentes:

1 Corintios 14:3 “Pero el que profetiza habla a los hombres PARA EDIFICACIÓN, exhortación y consolación” (Mayúscula añadida).

Otros versículos de 1 Corintios 14 para comparar: vers. 6, 12, 19, 24-26, 31.

De ahí la exhortación a no menospreciar las profecías dadas a la iglesia, cuya revelación había sido progresiva:

1 Tesalonicenses 5:20 “No menospreciéis las profecías”.

1 Tesalonicenses fue escrita en el año 51 d.C. Por lo tanto, esta advertencia del apóstol se hallaba dentro del contexto de la revelación progresiva del NT. Es decir, el canon bíblico apenas estaba en el apogeo de su formación.

Ahora bien, el don de profecía ha cesado con el último libro de la Biblia: El Apocalipsis escrito por el apóstol Juan. Ya no hay más revelaciones dadas por el Espíritu Santo para enseñarnos. Como bien dice la Biblia, la última revelación dada por Dios fue Su Hijo, Jesucristo:

Hebreos 1:1-2 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Jesucristo es el profeta que esperaron los hijos de Israel, según enseñanza de Moisés:

Hechos 3:22-23 “Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo”.

Y Jesucristo fue la última revelación de todos los profetas del NT. Y el último libro, el Apocalipsis, es la última revelación y enseñanza dada por nuestro SEÑOR:

Apocalipsis 1:1-3 “ La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Y este libro profético cierra con una severa advertencia:

Apocalipsis 22:18-19 “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro”.

El canon de la Biblia se ha cerrado y ya no ha habido más profecía, ni enseñanza. Con esto en mente, toda la Escritura está completa y tenemos la Palabra profética más segura. Y con ello, el don de los profetas cesó. Si alguno dijere que hay todavía revelación, se halla en problemas: Porque está añadiendo algo más al canon bíblico y porque atrae sobre sí mismo las maldiciones de Dios. La Biblia nos exhorta a estar alertas contra los falsos profetas (Léase Isaías 30:10; Jeremías 23:16-32; Mateo 7:15-23, 24:4-5, 24; 2 Pedro 2:1; 1 Juan 4:1; Judas 3-16). La Biblia afirma sobre Sí misma:

2 Timoteo 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

Cito a Martín Lutero: “Le hice una petición a Dios: Que Él no me mande visiones, ni sueños, ni siquiera ángeles. Estoy satisfecho con el don de las Escrituras Sagradas, que me dan instrucción abundante y todo lo que preciso conocer tanto para esta vida cuanto para lo que ha de venir”.

Solo la Biblia es suficiente.

¡Solo a Dios la Gloria!

Posdata: Este comentario es para meditar en el, no para fines de contención o discusión innecesarias.

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