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El Conocimiento envanece… o ¿no?
Publicado por: | 22 enero, 2015 |

1 Corintios 8:1 “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica”.

Desde hace tiempo que vengo reflexionando sobre este versículo que, con mucha frecuencia, se usa para argumentar que el “mucho estudio bíblico” provoca orgullo espiritual a los cristianos (especialmente la directa va contra los reformados). Gracias a Dios, un buen y amado amigo mío me hizo ver algunas cosas interesantes sobre este pasaje.

¿De qué conocimiento estamos hablando?

En el mismo contexto de 1 Corintios 8 no hace referencia en sí al conocimiento en general de toda la Biblia, sino, mas bien, a un conocimiento parcial acerca de algo:

1 Corintios 8:2 “Si alguno cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como lo debe saber”.

Además, el conocimiento del que refiere el apóstol Pablo es con relación a los ídolos: Cuánto sabían los corintios la manera en que les afectaba consumir alimentos sacrificados a los ídolos, que eran nada (vers. 4 al 6).

Anexo aquí un comentario del hno. Natanael Vera, Pastor de la Iglesia Cristiana Reformada del Paraguay y administrador del blog ‘Al Dios no conocido‘:

“El conocimiento de éstos era parcial. Y el texto bien podría decir: ‘El conocimiento parcial envanece’; o sea, a ellos su conocimiento les permitía de participar de carne sacrificada a los ídolos, pero todavía les faltaba información, no sabían plenamente o como dice: ‘no saben como deben saberlo’. Ellos deberían saber también que por encima de su libertad esta le ley del amor, que dicta: ‘nadie viva para sí sino para el otro”. Esa información que les faltaba les hubiera llevado a no ser de tropiezo para los débiles. Por lo tanto, más que ser unos versos que censuran el conocimiento, son versos que nos invitan al conocimiento pero pleno y no parcial de los asuntos”.

La naturaleza de la Palabra de Dios

Ahora bien, las Sagradas Escrituras, siendo la verdad, sabiduría de lo alto y la perfecta Palabra de Dios, jamás nos inducirán a pecar. Veamos por qué:

Salmo 19:7-10 “La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del SEÑOR son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del SEÑOR es puro, que alumbra los ojos. El temor del SEÑOR es limpio, que permanece para siempre; los juicios del SEÑOR son verdaderos, todos ellos justos; deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal”.

2 Timoteo 3:16-17 “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra”.

Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación”.

Como vemos, es perfecta, completa y suficiente y siempre nos llevará a producir fruto y justicia, incluyendo el amor que edifica; porque eso es lo que hace en alguien que ha nacido de nuevo (Léase también Marcos 4:20; Gálatas 5:22; Efesios 2:10).

Entonces, ¿Dónde reside el orgullo espiritual?

Puede que algunos pregunten: “¿Y los fariseos? ¿No tenían mucho orgullo por conocer tanto de la Biblia?”. La respuesta a ello es: No. En la época del SEÑOR Jesús, los líderes religiosos nunca interpretaron las Escrituras como debieran haberlo hecho. Si hubieran seguido correctamente el contexto de la Palabra de Dios, tal cual, hubieran sido sabios para la salvación por la fe en Cristo (Léase 2 Timoteo 3:15). Nuestro SEÑOR corrigió muchas interpretaciones y prácticas erradas de los rabinos de su tiempo. Por citar un ejemplo, a lo largo del Sermón del Monte (Léase Mateo 5 al 7), Cristo hacía referencia a las enseñanzas de los fariseos, tales como “Habeís oído” (Léase Mateo 5:21, 27, 33, 38, 43) o “se dijo” (Léase Mateo 5:31); las contrastaba con Su autoridad e interpretación de las Escrituras (“Pero Yo os digo…”; léase Mateo 5:17-20, 22, 28, 32, 34, 39, 44). Siendo el profeta de Dios, Jesús hablaba conforme a la doctrina celestial (Léase Mateo 7:28; Juan 7:16). El conocimiento del cual estaban orgullosos los fariseos eran sus propias opiniones e interpretaciones de las Escrituras, y no tal y como Dios lo había enseñado (Léase Mateo 22:29; Juan 5:39-40).

¿Recuerdan la típica frase de “el chocolate engorda…”? siempre hay alguien que replica: “El que engorda es la persona; no el chocolate…”. Aunque la ilustración es muy pobre, va por la misma idea de lo que venimos analizando. Cuando algún hermano en la fe nos dice “el conocimiento te envanece…” en relación con la Palabra de Dios, considero que el enfoque es incorrecto. Lo que sucede es que aún tenemos esa tendencia de culpar a la Biblia y a la Teología (que sencillamente se encarga de agrupar y sistematizar doctrinas que YA ESTÁN en las Escrituras), cuando en realidad somos nosotros mismos los que pecamos contra la Palabra de Dios. No nos queremos hacer responsables de nuestro pecado (y eso ya viene desde el Edén con Adán y Eva; léase Génesis 3:8-13). El orgullo y el envanecimiento espirituales son asuntos de nuestro corazón; no de la Biblia (Léase Proverbios 16:5; 21:4; Mateo 15:19-20; Romanos 1:21). Es muy diferente que nosotros mismos creamos en algún momento que sabemos más, que tenemos derecho de ridiculizar a otros porque no han alcanzado el mismo nivel de entendimiento, y de hacer valer una importancia propia que no existe. Hemos de reconocer que ése es el enfoque real de las cosas: Las Escrituras no son las que producen orgullo espiritual; sino nosotros mismos. Es un asunto de nuestro corazón (Léase Mateo 15:19-20).

En conclusión…

Considero que en estas cosas es necesario revisar nuestro corazón, nuestros pensamientos acerca de nosotros mismos y del concepto que tengamos de la Palabra de Dios, y arrepentirnos. ¿Cómo abandonar esa jactancia y ese envanecimiento? de la misma manera que la Escritura nos señala: Orando porque se nos conceda la gracia del SEÑOR Jesucristo, porque la gracia excluye toda jactancia (Léase Mateo 11:28-30; Romanos 12:3; 2 Corintios 12:9-10; Filipenses 2:5-8).

Que Dios nos ayude a ser hallados fieles y humildes en Cristo Jesús.

¡Sólo a Dios la Gloria!

Comparto el enlace de mi hermano Rafael Reséndiz Izaguirre, administrador del blog ‘Escrituralismo‘; quien me ayudó a comprender un poco más de estas cosas: “¿El conocimiento envanece?“.


*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión “La Biblia de las Américas” (LBLA), a excepción de que se indique expresamente otra versión.

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