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Dios y el misionero | Agustín Alcaraz
Publicado por: | 23 octubre, 2017 |

JONÁS: Un misionero de mentalidad estrecha

Cuando vamos a involucrarnos en la labor misionera ¿Realmente sabemos lo que esto implica? El libro de Jonás nos cuenta sobre cómo fue la experiencia de su viaje con Dios. Un viaje donde el carácter, pensamientos y actitudes de Jonás cambiarían de una manera increíble y también nos dejara enseñanzas llevándonos a reflexionar en que, en el campo misionero, la soberanía y la providencia de Dios deben ser el eje y norte del misionero.

La obra es de Dios

Jonás es descripto como un hombre enérgico, colérico, enojadizo, violento y hasta de mentalidad estrecha. Es decir, solo sus ideas y opiniones importaban, de tal manera que no aceptaba consejos de nadie. Si observamos con cuidado también podemos considerarlo como un hombre patriota y muy amante de las costumbres y tradiciones de su nación.

Fue por esta causa que le costó tanto aceptar que Dios lo estaba enviando a predicar el arrepentimiento a Nínive, una ciudad que provoco muchos daños a Israel. Su elección fue desobedecer a Dios y huir de Su presencia (al menos eso creía él). Pero Jonás no recordaba que Dios es Dios.

Aquí es donde debemos entender en primer lugar que solo Dios es quien manda, es solo El quien instruye y quien va al frente de nuestra labor. Cuando trabajamos en Su obra no deben surgir peros, prejuicios, favoritismo, ni excepciones como Jonás tuvo. Es cierto que es nuestra tarea y responsabilidad anunciar la salvación a todas las personas sin esperanza, pero es cierto también que Dios es Soberano, Perfecto y Sabio, por lo tanto es auto-suficiente y no necesita de ti, ni de mí. Pero cuando decimos HEME AQUÍ, estamos aceptando su invitación a la obra que solo El lleva a cabo. Nosotros somos solo un canal, un instrumento, un medio por el cual Él se glorifica. Y no solo salimos con el objetivo de predicar y anunciar Su Palabra, salimos también con el objetivo de aprender más. Recordemos siempre que Dios desea formar nuestro carácter. El desea hacernos más como Cristo (Ef. 4:13).

El Mensaje es de Dios

Una característica importante del profeta de aquellos tiempos era la fidelidad hacia el mensaje que Dios le daba a proclamar a su pueblo. El Señor se revelaba en visiones o palabras y el profeta debía con toda pasión y denuedo, proclamar el mensaje tal y como lo había recibido. Jonás rehusó dar el mensaje renunciando al llamado del Señor.

Cuando somos enviados al campo misionero, debemos estar dispuestos a abandonar nuestras ideologías, opiniones y pensamientos. El creyente que acepta el llamado a anunciar y a evangelizar a las personas debe ser fiel a la Palabra de Dios. Debemos ponernos bajo la luz de las palabras que una vez fueron inspiradas y escritas por el Espíritu Santo. Nuestra fidelidad se destacará en decir lo que Dios dijo una vez y nada más. Al hacer esto, El sigue hablando por medio de nosotros. Luego Jonás, detrás de toda una escena dramática, retomo su llamada y predicó en Nínive, pero esperó sus propios resultados y no los de Dios. Que juntos con Pablo digamos:

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (1° Co. 3:6-7)

La Salvación es de Dios

Al final de la misión, Jonás si tuvo algo que contar y es que Dios es soberano, perfecto y que solo de Él depende la salvación de las personas. Comprendió que Dios tuvo misericordia de Nínive por medio de una enseñanza muy sencilla (Jonás 4:6-11).

Si Jonás sentía lastima por la calabacera que se había secado ¿Cuanto mas Dios sentía compasión y misericordia por las personas de Nínive? El Señor decide mostrar Gracia a las personas que muchas veces menos esperamos. Debemos aprender a dejar los resultados al Señor. Nuestra tarea es proclamarle al mundo que Dios quiere y desea que cada ser humano se arrepienta y vuelva su mirada a Él creyendo en Jesucristo.

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30).

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