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Cuando Dios Envía | Agustín Alcaraz
Publicado por: | 8 febrero, 2018 |

Aunque la palabra “Misiones” no aparece en la Biblia, toda ella habla acerca de eso. El Dios de las Escrituras es un Dios misionero y siempre ha delegado tareas específicas no solo a personajes de la Biblia sino a muchísimas personas a lo largo de la historia. Estas personas tuvieron diferentes misiones pero todas tuvieron algo en común: ¡Dios las envió!

Dios les encomendaba una tarea especifica con un mensaje especifico y ellos, por fe, obedecían. Esta debe ser una característica importante en el perfil de alguien que se dedica a las misiones.

Algunas veces ocurre que los cristianos salen al campo a trabajar pero rápidamente se encuentran con inseguridad, miedo y hasta algunos llegan a sentirse frustrados ¿Acaso Dios no los envió? Tal vez no. Pero si Dios los envió realmente, entonces ¿Qué esta pasando?

Por favor, ve hacia el capítulo tres del libro de Éxodo y mantén tu Biblia abierta. Ahí encontramos siete puntos basados en el llamamiento de Moisés, los cuales debemos considerar a la hora de pensar en la obra misionera y en nuestro llamado. 

1) ¡Santidad ante todo!

Ir a la obra misionera no es fácil. Dios nos llama primero a “ser santos” (vs 3-5). La mayoría de los cristianos saben que a través de la fe en Cristo son declarados santos ante Dios, hablando en términos de posición. Pero esto también implica que somos separados por el Padre para ser morada del Espíritu Santo, lo cual nos lleva a experimentar una vida apartada del pecado (o como dice 1ª Juan 3:9 “no debemos practicar el pecado”) y de todo lo que rompa nuestra relación con Dios.

¿Como podemos estar en comunión con el “Señor de la mies” si practicamos el pecado y damos riendas sueltas a todo lo que nos separa de Él? Vivir en santidad es algo clave para que nuestra relación con Dios sea sana y eficiente ¡Nadie que no tenga sus cosas al día con Dios esta preparado para realizar la labor que le fue encomendada! Entonces debemos hacer primero lo primero: Sacarnos “el calzado de los pies” y caminar en santidad cada paso que demos hacia adelante en pos de Cristo.

2) Conscientes de Su grandeza

Una vez que Moisés supo que Dios estaba hablando desde aquella zarza, cubrió su rostro por temor a morir (vs 6). Era increíble. El mismo Señor que había estado con Abraham, Isaac y Jacob ahora estaba allí con Él cara a cara, hablándole.

Nada ni nadie se compara a la grandeza de Dios. Debemos mirar hacia atrás y ver las grandes obras que Dios ha hecho en favor de Su pueblo y de la humanidad. Bastaría recorrer la galería de los “grandes hombres de la fe”en Hebreos 11. Te invito a leer ese capítulo tan grandioso y hasta quizás lleguen a saltar algunas lágrimas de tus ojos al ver todo lo que Dios hizo a través de hombres simples como tú y yo.

¿Que nos ayuda a estar conscientes de la grandeza de Dios? En primer lugar debemos recordar que el Dios auto-suficiente e infinito en misericordia envió a Su Hijo Jesucristo a morir por los pecadores en la cruz. En segundo lugar, nunca hace mal dar un paso atrás y ver todas las cosas maravillosas que Dios hizo y sigue haciendo por cada uno de los Suyos.

3) Sensibles a la necesidad

Siempre la misión viene con una necesidad bajo el brazo. Esa necesidad nace en el corazón de Dios (“He visto la aflicción de mi pueblo…”, vs. 7-10). La pregunta que hago es ¿Qué tan sensible somos a la necesidad de las personas? ¿Qué tan sensible somos a la necesidad que Dios ve en los pueblos de la tierra? Debemos afinar nuestros oídos en este aspecto tan importante.

“Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.”  (Mateo 9:35-38 LBLA)

Moisés fue sensible a la voz de Dios. Samuel fue sensible a la voz de Dios. Nehemías fue sensible a la voz de Dios ¡Seguro puedes pensar en muchos más! Pero dentro de toda necesidad, hay una que resuena mas y debe ser la mas importante:

“Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”  (Mateo 28:19-20 LBLA)

 4) Seguros de Su presencia

En algunas ocasiones te sentirás intimidado por las personas a las que vas a hablar (vs. 11). El Señor te esta enviando a personas que quizás no van a entenderte o hasta podrían burlarse de lo que les hablas (mas de esto en el punto seis) pero ¿Qué garantía más segura y firme que las siguientes palabras?

“Ve, porque yo estaré contigo” (vs. 12)

Siempre debemos tener en mente de que el mundo es un lugar peligroso, sea donde sea que vayamos. Y, por si fuera poco, cada vez se vuelve mas hostil contra los cristianos ¿Cuál es el antídoto para esto? Recordemos las palabras de Jesús a sus discípulos en Mateo 10:16 cuando fueron enviados a predicar. Él les dijo de forma explicita “yo os envío como a ovejas en medio de lobos” Suena extraño y muy paradójico que un pastor envíe las ovejas que están bajo su cuidado a un lugar donde hay lobos pero, que tal si el pastor en realidad nunca dijo que no estaría con ellas en medio de los lobos. Es aquí donde vemos el compromiso de parte del Señor a ir siempre delante de nosotros aun en medio del peligro que nos rodea. Pero antes debemos asegurarnos de que Él ira adelante nuestro (Lee Éxodo 33:12-15 por favor).

 5) Portadores de un Mensaje

“Si ellos me preguntaren: ¿Cual es su nombre?, ¿qué les responderé?” (vs. 13)

¿Qué mensaje hemos de transmitir? En primer lugar se debe saber que el mensaje que Dios nos otorga es especifico “Si dirás a los hijos de Israel…” y en segundo lugar el mensaje es entendible y sencillo, apto para cualquier persona. Moisés no estaba llevando algo sumamente nuevo ni estaba presentando un nuevo dios. Él simplemente iba a recordarles a sus hermanos que había llegado el tiempo de la liberación del Dios que sus padres habían conocido. Nuestro mensaje no ha variado. La necesidad del hombre es la misma desde que el pecado entro en el mundo por lo tanto el mensaje es el mismo: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12)

Jeremías nos enseña también algunos principios los cuales nos ayudan a estar siempre tranquilos a la hora de pensar que somos los portavoces del Señor.

a) Esta labor es irresistible. Dios nos “seduce” por tanto, hemos de responder con pasión (Jeremías 20:9)

b) La Palabra del Señor tiene autoridad, por eso tenemos seguridad en que tarde o temprano, producirá resultados (Jeremías 23:29)

c) Hacer memoria de la misericordia y el sustento del Señor es lo que nos dará la frescura suficiente para renovar nuestras fuerzas aun cuando parece que todo va mal (Lamentaciones 3:19-24).

6) Sin Temor al rechazo

“Ellos no me creerán, ni oirán mi voz…” (4:1)

Una de las cosas que debemos pensar siempre (e insisto en ser conscientes de esto) es que la incredulidad es una realidad sea en quien sea que no haya oído el Evangelio. Pablo nos enseña eso en Romanos 1:21. En segundo lugar, nos enseña que esta verdad es general, es decir, todo el mundo esta afectado por la incredulidad y por ende, esta “destituido de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Debo destacar también que incluso nuestro Señor fue aborrecido, insultado y maltratado muchas veces y de forma muy hostil. Nosotros no debemos esperar menos. Echa un vistazo a Mateo 10:24-25.

Ante el rechazo de las personas ¿Como hemos de seguir firmes con nuestra labor? Me parece muy importante lo que plantea Jhon MacArthur. Él dice: “Podemos hablar con absoluta confianza, siempre y cuando nuestra autoridad surja de la verdad de la Palabra de Dios” (2ª Timoteo 1:15).

Una vez mas, es bueno que estemos pendientes de que no siempre la Palabra de Dios será aceptada. Y si lo es, gloria sea solo a Él.

 7) Siervos de un Dios soberano

Avancemos al capitulo 4:10 y 13 de Éxodo. Las excusas nunca son una buena forma de responder a un llamado misionero. Sin embargo, no somos perfectos y estamos expuestos a responder algunas veces de forma negativa. Moisés se sentía intimidado pero a la vez prefería no realizar el trabajo que Dios le estaba encomendando.

Es aquí donde debemos contemplar al Señor en Su completa soberanía. Él mismo expresó que es el Creador de toda vida humana y por lo tanto ¡Él conoce el estado del corazón de cada uno y se anticipa a cada hecho de la historia! (vs. 11). No debiéramos temer ni tener excusas si tenemos al Dios de los dioses a nuestro lado.

Pedro y Juan habían estado en el templo predicando y enseñando de Jesús a las personas hasta que fueron acusados falsamente de causar estragos en la cuidad. Una vez presentados en el lugar de interrogatorio, Pedro comenzó a hablar “lleno del Espíritu Santo”(Hechos 4:8). Una vez que terminó de hablar, las autoridades del lugar quedaron perplejos por la forma en la que habían presentado sus argumentos y vieron que no podían hacer nada. Ellos reconocieron que ellos dos tenían exactamente la misma autoridad que Jesús para hablar (Hechos 4:13).

Solo la gracia de Dios puede capacitarnos para la tarea encomendada y aunque no lo parezca, en sus manos somos herramienta muy útiles.

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