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¿CÓMO TRATA DIOS CON NUESTRO ORGULLO? | Albert Rodríguez
Publicado por: | 13 octubre, 2016 |

¿Qué es el orgullo? La Biblia nos enseña que el orgullo consiste en que una persona se llena de sí misma, tanto que no tiene espacio para Dios en sus pensamientos:

Salmo 10:4 “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (RV60).

Pero también el orgullo implica no someterse al estilo de vida que Dios demanda de nosotros: La forma en que Él quiere pensemos, que hablemos, que anhelemos; que actuemos. Por otro lado, en el caso de los creyentes, el SEÑOR trata con nuestro orgullo a lo largo y ancho de nuestra vida cristiana. Lo vemos, por citar un ejemplo, en la vida del apóstol Pablo.

El apóstol Pablo: Del orgullo a Cristo

Al principio, Pablo era muy conocido por su celo religioso al perseguir a cristianos (Hasta Ananías reconocía su fama y le temía, léase Hecos 9:13-16). Su orgullo consistía en la creencia de que su campaña anti-cristiana era avalada por Dios. Cuando fue camino a Damasco, Saulo cayó al suelo luego de que fue rodeado de mucha luz del cielo. Dios lo humilló para hacerle saber de su necesidad de salvación y que ésta solo es cubierta por la Persona y Obra de Cristo Jesús (Léase Hechos 9:6-16).

En otra ocasión el apóstol escribió a la iglesia de Filipo. Pablo reconoció que se enorgullecía mucho de sus credenciales tales como su linaje israelita, como líder religioso de su pueblo, y como hombre piadoso según la Ley. Pero, conforme conocía a profundidad las riquezas de la Gloria de Cristo, comprendió que al SEÑOR  que le servía por amor es superior -literalmente superior- a todas las cosas (Léase Filipenses 3:4-8).

También conocemos la ocasión en que el apóstol no concedió que Marcos, sobrino de Bernabé, estuviese con ellos en la obra misionera. ¿El motivo? Debido a que Marcos desistió de acompañarlos en el primer viaje misionero. Pablo se jactaba de que la obra misionera fue un arduo trabajo y esfuerzo de Bernabé y de él. Fue una situación en la que su orgullo no permitió a este joven participar en la obra y darle una segunda oportunidad. Llegó a tal punto este desacuerdo, que la relación entre Pablo y Bernabé se rompió temporalmente, yendo cada uno por su lado. Más adelante, Dios permitió y enseñó a Pablo a tratar con su carácter, reconciliarse con Marcos y confiarle la obra del ministerio al final de sus días (Léase Hechos 15:36-41; 2 Timoteo 4:11).

Más adelante, también el SEÑOR le humilló con un agujión en la carne. Pablo se gloriaba de ser el receptor de muchas revelaciones y tenía la capacidad de comprender los misterios de Cristo y de Su redención; las cuales escribió en sus epístolas. No es cuánta información almacenas en tu cabeza; sino que la Palabra que recibes descienda a tu corazón para ponerla por obra (Léase Isaías 66:2; Santiago 1:22). A pesar de su aflicción, también llevó a Pablo a apreciar cada más el poder de la gracia de Dios en su debilidad (Léase 2 Corintios 12:7-10).

El pecado del orgullo en muchas circunstancias y experiencias del apóstol Pablo, nos lleva a algunas reflexiones como veremos a continuación.

El orgullo es un enemigo sutil contra el propósito de Dios

El orgullo pecaminoso está tan arraigado en el corazón humano, que uno no se puede imaginar en qué áreas personales puede anidar y estar. Es como una hiedra venenosa que crece sutilmente cuando no se poda en nuestro corazón, cuando no es tratada lo suficiente con la espada de la Palabra de Dios. En el caso de Pablo, su orgullo se asentó en su pasado, en su celo religioso, en la obra ministerial y en las revelaciones recibidas. Cada área era movida por motivos equivocados y no eran correctamiente alineados con Dios. Lo mismo pasa con nosotros. Podemos contemplar que existen raíces de orgullo que se manifiestan sutilmente en nuestras vidas, ya sea en nuestra familia, matrimonio, finanzas, en la vida escolar o en la vida de la iglesia. Son áreas que no siempre nos podemos percatar porque estamos muy habituados a ellas. Las consideramos tan normales, que necesitamos que otros nos hagan saber cuánto orgullo expresamos con nuestros hechos, palabras y actitudes. Por ejemplo:

1) Si eres esposo ¿Has estado dispuesto a amar a tu esposa como a vaso más frágil y amarla como a ti mismo; sirviéndole de la misma manera que Cristo ama a Su Iglesia? O ¿asumes realmente tu rol de sacerdote sobre tu hogar, intercediendo en oración por tu familia y enseñando la Palabra? (Léase Efesios 5:25-27, 33; 6:4; 1 Pedro 3:7; Deuteronomio 6:5-9).

2) Si eres esposa ¿Has estado dispuesta a honrar a tu esposa tal como la Iglesia honra a Cristo y haciendo bien todo el tiempo? (Léase Efesios 5:24, 33; 1 Pedro 3:5-6).

3) Si eres hijo de familia ¿Te sometes en amor y obediencia a tus padres, de la misma manera que Jesús se sometió a los suyos durante Su vida terrenal? (Léase Efesios 6:1-3; Lucas 2:51).

4) Si eres empleado ¿Has servido sin quejas a tus jefes y a tus compañeros de trabajo, no devolviendo maldición tal como lo hizo Jesús cuando lo injuriaban? (Léase Efesios 6:5-8; 1 Pedro 2:21-23).

5)¿Cuánto de ti quieres y anhelas ser más y más manso y humilde como el SEÑOR Jesucristo? (Léase Mateo 11:28-30).

¡Hay muchas situaciones ejemplares más!

El no hacer estas cosas es negarse a lo que Dios demanda de nosotros: Una vida centrada en Cristo, una vida movida a ser como Cristo. Negarse a vivir así, pensar así, hablar así, servir y amar así tal como Jesús lo hizo… Es pecado de orgullo contra Dios. Es luchar y rebelarse contra el propósito para el cual nuestro SEÑOR te eligió, te llamó y te salvó (Léase Romanos 8:28-30).

Pero Dios trata con nuestro orgullo

Pero Dios es fiel y misericordioso, y sigue tratando con nosotros. Fue todo un proceso para depurar el problema del orgullo en el corazón del apóstol Pablo desde el inicio de su conversión. El orgullo estuvo anclado a lo largo de su vida y se manifestaba de distintas formas. Pero el SEÑOR en Su misericordia lo ha llevado de la mano para ir limpiando cada día más el pecado del orgullo. Dios no nos abandona, no nos ha dejado a la deriva; sino que persiste e insiste en nosotros y a pesar de nosotros y de nuestra propias luchas. Él no nos considera casos perdidos, nos hace enseñables, mansos y humildes.

En la vida de Pablo, Dios trata con nuestro orgullo de diversas maneras:

1) Por medio de una situación dolorosa para hacernos dependientes de Su poderosa y soberana gracia (como la aflicción del aguijón en la carne).

2) Por medio de la exhortación de un amigo o hermano en la fe cuando estamos equivocados (como Bernabé, el compañero de viajes misioneros).

3) Por medio de reconocer y contemplar las excelencias y los tesoros de la Persona y Obra de Cristo que minimiza el valor de cualquier cosa en el mundo (como lo expresó en su epístola a los Efesios).

4) Por medio de reconocer que nuestro pecado nos ha separado de Dios y de Su gloria, pero Él ha tenido tanta misericordia de nosotros que nos ha presentado a Su Hijo a través de Su Evangelio (como el día que fue encontrado por Jesús camino a Damasco).

Dios usa tantos medios para hacernos entender la realidad del pecado del orgullo en nuestro corazón ¡Cuánta gracia recibimos cada día y no la merecemos! ¡Bendita bondad para con nosotros!

Si el SEÑOR pudo tratar con una persona tan orgullosa como el apóstol Pablo para lograr que fuese un pobre de espíritu, entonces también lo hará con nosotros. Que Dios nos conceda la gracia para depender de Él, mirarle a Él, amarle a Él por encima de nosotros mismos. Que Su Espíritu Santo nos convenza de pecado y use los medios que Él quiera para humillarnos y darnos arrepentimiento. Él es bueno, muy bueno. Vivir en Cristo y como Cristo es vivir siendo humildes y no orgullosos.

Santiago 4:6 “Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES” (LBLA).

Por lo tanto:

¡Sólo a Dios la gloria!   

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